Escuela de padres

Los miedos en el niño

Es importante saber que existen fases de miedos que forman parte del desarrollo normal de un niño.  Normalmente aparecen sobre todo hacia los dos años y medio, alrededor de los cuatro y en torno a los seis años.  Suele tratarse de períodos más bien cortos, en los que al niño le cuesta más irse a la cama, se despierta alguna noche, quiere ir a la cama de sus padres o pide que éstos se queden en su habitación con él.

Si en estos momentos los adultos actúan con tranquilidad, no le dan demasiada importancia al tema, se muestran seguros y transmiten a su hijo su confianza de que no puede pasar nada y que están convencidos de que él pronto conseguirá vencer su miedo, normalmente estos miedos desaparecen por si solos.

Por el contrario, si los padres muestran una preocupación excesiva ante estos hechos, empiezan a quedarse con ellos todas las noches hasta que se duermen, les permiten ir a su cama si se despiertan o les prestan demasiado atención, lo que en un principio sería algo pasajero se convierte en algo crónico y nos encontramos fácilmente con un niño de diez, once o doce años que sigue arrastrando todavía el mismo problema.  Algunas veces, sí que ocurre algún hecho concreto que desencadena estos miedos, por ejemplo, alguna película de miedo que hayan visto, algún robo que haya ocurrido en el vecindario, alguna enfermedad o muerte en la familia o su entorno más próximo.  El niño se siente a veces impotente para solucionar estas cosas y termina con pesadillas y terrores nocturnos.  En estos casos a veces puede ayudar una pequeña intervención para enseñarle al niño algunos trucos para librarse de las imágenes perturbadoras que no lo dejan tranquilo.  Pero la actuación desde casa deberá ser la misma recomendada para los miedos evolutivos normales.

Cuando un niño de más de 6 años acaba siempre durmiendo en la cama de sus padres

A esta edad ya se puede razonar perfectamente con el niño, explicándole que esto no puede ser, porque cada uno tiene que dormir en su propia cama para descansar mejor.  Debemos sentarnos con él y establecer claramente los límites a todo esto.

Habrá que empezar desde el principio, como si tuviésemos que enseñar a un niño pequeño a dormir en su propia cama.  Cuando llegue el momento de ir a dormir, acúestalo (como paso intermedio puedes contarle un cuento o darle su muñeco o peluche preferido) y adviértele que, bajo ningún concepto, vas a consentir que se levante a medianoche de su cama para ir a la tuya.  Si no obedece, cada vez que vaya a vuestra cama, habrá que devolverle a la suya.  No cedas, limítate a tranquilizarlo y a volverle a acostar en su cama.  Házlo tantas veces como sea neceario, pero siempre con paciencia y cariño.

Si alguna noche lo consigue, felicítale.  Al principio será duro, el niño insistirá y te costará varios paseos para devolverle a su cama, pero el esfuerzo valdrá la pena.  Lo más importante es no volver a ceder ni una noche más.

La clave, como siempre, está en la constancia y la firmeza dentro de un ambiente tranquilo y afectuoso.  Piensa que si lo consigues, tanto tú como él, descansaréis mucho mejor.

La llegada de un nuevo hermanito

El nacimiento de un bebé marca un gran cambio en la familia.  A menudo, quienes más sienten el cambio, son los otros niños de la familia.  Por esto debemos estar preparados a la reacción de los niños frente a la llegada de un nuevo bebé.  Hasta cierto punto, todo niño se siente desplazado por dejar de ser el más pequeño de la casa y los padres lo suelen comenzar a tratar como el hermano mayor.

Lo mejor que podemos hacer, es preparar a nuestro hijo para la llegada del hermanito, vinculándolo lo máximo posible al proceso del embarazo.  Deja que participe en la preparación de la habitación y anímale a que prepare un regalo de bienvenida para el nuevo miembro de la familia.  Déjale sentir los movimientos del bebé, que le hable o le cante a través de la barriga, que lo abrace.

Al mismo tiempo, tanto durante el embarazo como después del nacimiento, síguele dedicando a tu hijo mayor una atención especial.  Dedica algún tiempo a jugar y conversar con él sobre sus inquietudes y experiencias, que no han de girar siempre forzosamente en torno al bebé.  Déjale saber que él sigue teniendo un espacio muy importante en tu vida, que no perderá, aunque lleguen más hermanitos.

Has de contar con que posiblemente habrán algunas regresiones como volver a pedir el chupete, que lo cojas en brazos, que le des el biberón, etc.  Ten un poco de paciencia, hazlo sentir especial y hazle ver las ventajas de ser un niño mayor, privilegio que no tiene su hermanito.  Si actúas con paciencia y cariño, estas conductas serán pasajeras y pronto quedará solucionado el problema.

El niño ante el divorcio

Está claro que el divorcio afecta emocionalmente a los niños dependiendo de su nivel de desarrollo.  Siempre genera malestar y estrés tanto en los padres como en los niños.  Tras la separación suele haber en muchas ocasiones un  período de discusiones entre ambos progenitores dejando al niño en el centro del conflicto.

Además la separación suele conllevar una serie de cambios que pueden afectar su desarrollo como por ejemplo:

  • Es posible que haya un cambio de piso y de escuela que implica nuevos maestros, nuevos compañeros y nuevos vecinos.
  • El poder adquisitivo familiar disminuye, de modo que el estilo de vida al que el niño estaba acostumbrado, desaparece.
  • Cada progenitor aportaba al niño unas habilidades, conocimientos, incluso normas que le eran beneficiosas y por supuesto cariño y ahora el niño se verá privado de una parte de ellas, puesto que el que no tenga la custodia no estará con el niño el tiempo suficiente para potenciarlas.
  • Puede existir un ambiente de críticas, malentedidos y discusiones que generan en el niño mucho malestar.  Esto puede afectar su rendimiento académico y repercutir en su autoestima y esto a su vez puede llegar a crearle dificultades sociales o problemas emocionales más  o menos serios.

¿Cómo actuar para ayudarle a nuestro hijo en una situación así?

Para ayudarles a los niños a superar el divorcio es importante actuar de la siguiente forma:

  1. Dejar muy claro que el divorcio es una cosa entre los adultos y que ellos no tienen absolutamente nada que ver con ello ni son los causantes de las desavenencias entre sus padres.
  2. Repetirles una y otra vez que, aunque los adultos hayan decidido vivir separados, seguirán siendo sus padres y no dejarán nunca de quererles.
  3. No les obliguéis nunca a tomar partido por uno de los progenitores.  Habrá que ser muy generoso y no criticar jamás al otro ni utilizar a los niños como mensajeros entre una casa y la otra.
  4. Intentar por todos los medios "mantenerse unidos" desde el punto de vista de la crianza de los hijos.
  5. Una separación produce inseguridad y ansiedad en el niño al igual que en los adultos.  Para ayudarle a restablecer la sensación de seguridad convienen hacer el mínimo de cambios en la rutina diaria del niño.

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