Escuela de padres

Juegos que ayudan a madurar

CONCEPCIÓN ESPACIAL Y NOCIÓN DE LATERALIDAD

Los ejercicios espaciales más eficaces son los que se desarrollan en el espacio y con actividad psicomotriz:

  • Calcular cuántos pasos (de hormiga, de gigante, etc.) hay desde donde estamos hasta un determinado lugar (por ejemplo, desde el cuarto de jugar a la cocina).
  • Jugar al ROBOT y seguir instrucciones del estilo:  "Tienes que dar dos pasos hacia delante, ahora giras un paso hacia la derecha, ¿hacia dónde te quedas mirando?
  • Puzzles (adecuados para la edad del niño)
  • El juego de los ENREDOS
  • Utilizar el concepto de derecha/izquierda dentro de la vida diaria del niño.

TEMPORALIDAD

  • Utilizar los conceptos "antes de" y "después de", por ejemplo, cuando preguntamos por lo que ha hecho en el colegio.
  • Explicar y comentar un cuento.
  • Contar
  • Comentar los días de la semana, los meses, las estaciones y horarios diarios (desayuno, comida, merienda, cena, noche, día, etc.)

RITMO

  • Cualquier tipo de marcha rítmica
  • Hacerle repetir pequeños ritmos marcados por nosotros con un lápiz en la mesa
  • Simón

RAZONAMIENTO ANÁLISIS-SÍNTESIS Y ATENCIÓN

  • Seriaciones de dibujos o figuras geométricas
  • Construcciones y rompecabezas
  • Dibujos incompletos, dibujos absurdos, las diferencias entre dibujos
  • Libros de WALLY o similares
  • Puzzles

La hora de comer

En muchas casas, la hora de la comida, en lugar de ser aquel momento placentero con todos reunidos alrededor de la mesa, se convierte en uno de los momentos más estresantes de la familia.  Los problemas suelen girar en torno a tres temas principales:

1. ¿Cuándo se come?

Es importante establecer un horario para las comidas, ya que los niños se sienten más seguros cuando saben, qué se espera de ellos.  Si se establece un orden, el mismo estómago del niño se habituará a ello y así evitaremos las eternas discusiones como "ahora no, es muy pronto", "todavía no tengo hambre", etc.  Conviene además avisar unos minutos antes, para que el niño pueda acabar lo que esté haciendo en aquel momento.  Servirá, por ejemplo, decir algo así como "niños, 5 minutos para lavarse las manos antes de comer".  Así además, lavarse las manos se asociará automáticamente a cualquier comida y, una vez convertido en hábito, ya no cuesta.

2. ¿Qué se debe comer?

El objetivo suele ser establecer una dieta equilibrada para toda la familia.  Pero no debemos olvidar que, al igual que los adultos, los niños también tienen sus propios gustos y preferencias.  Es conveniente ir introduciendo poco a poco  todo tipo de alimentos y hacer que los prueben, pero obligarles a que se coman todo un plato de algo que detestan no suele dar muy buenos resultados.  A veces incluso agrava el problema y el niño tacha este alimento para siempre de su dieta.  Si un tipo de verdura no le gusta nada, seguramente encontraremos alguna otra con los mismos valores nutritivos que le resulte más agradable.  También es bueno hacerles participar en la elección de los menús.  Hay algunas familias, a las que les da buen resultado, que cada uno pueda elegir un día a la semana. 

3. ¿Cómo se portan mientras comen?

​Un niño no suele aguantar tanto rato sentado como un adulto.  Para él una larga sobremesa, que tanto les gusta a algunos adultos, puede ser un calvario.  Cuando son muy pequeños, mejor dejar que, cuando terminen, se vayan a jugar.  Durante la comida es importante incluir a los niños en la conversación (por supuesto, la televisión debería permanecer apagada), ya que sino pasarán automáticamente a darle una patada a su hermano por debajo de la mesa o hacer música con los cubiertos o cualquier cosa que se les ocurra.  Deberíamos intentar mantener una conversación tan relajada como sea posible y evitar temas como el rendimiento escolar en la mesa.

En cuanto a los modales en la mesa, se pueden establecer algunas normas, pero evitar llamar la atención de forma contínua y rígida, triturando así cualquier posibilidad de conversación.  Los modales se aprenden sobre todo copiando de un modelo.  Esto nos obliga a ser un buen ejemplo para nuestros hijos.  Ellos acabarán haciendo lo que ven en casa, no lo que les digamos que hagan.  Según la edad del niño, podemos exigir más o menos, ya que en el caso de los más pequeños, no podemos pretender que dominen a la perfección la coordinación ojo-mano que requieren los modales en la mesa.

La hora de dormir

Con lo bien que se está en la cama, ¿cómo es posible que la hora de acostarse pueda llegar a ser tan problemática?  En algunos hogares ese rato se eterniza y hay padres que tienen tanto terror a la hora de ir a dormir como sus hijos.

Para un niño ir a la cama significa quedarse solo y separarse de sus padres.  Es en estos momentos, cuando piensa en sus preocupaciones y en las cosas desagradables que le pueden haber ocurrido durante el día.  Por esto suele poner en marcha todo tipo de tácticas para retrasar esta separación.

¿Os suenan frases como? ... "Otro cuento, el último", "tengo sed", "me duele la barriga" ...

Para facilitar la transición entre estar despierto y ponerse a descansar, pueden ayudar las siguientes sugerencias:

  • Establecer una hora fija para irse a dormir, en función de la edad del niño.  El hermano mayor podrá acostarse un poquito más tarde (un privilegio de 10 minutos puede ser suficiente).
  • Fijar la norma para ir a la cama durante el día en un momento de calma.
  • Es importante que el ambiente esté lo más tranquilo y distendido posible antes de ir a dormir.  Es imposible conciliar el suelo después de una bronca o después de ver una película de acción.
  • Avisar al niño con antelación.  "Dentro de 10 minuto toca irse a lavar los dientes y a la cama".  También ayuda mucho establecer determinados hábitos como, por ejemplo,  "después de lavarte los dientes, te leeré un cuento".  Este cuento puede ser incluso siempre el mismo, ya que usar la misma historia de forma repetitiva puede resultar tranquilizador para ellos.
  • Los mayores, en lugar de esto, podrán leer solos un ratito en la cama.  Hace años conocí a un padre que les permitía a sus hijos canjear horas de sueño por lectura en la cama.  Con este hábito consiguió varios propósitos a la vez:  Aficionar a sus hijos a la lectura, darles una sensación de relativa independencia y poder de decisión y mantenerlos en cama hasta que les venciera el sueño.

La hora de hacer los deberes

Los deberes son a menudo fuente de conflicto entre padres e hijos.  Sin embargo, los problemas educativos que se producen, se pueden minimizar, si sabemos organizar bien, cuándo y dónde deben hacer los deberes.

Es conveniente que cuando lleguen a casa, les concedamos un ratito para descansar.  Necesitan relajarse, tomar algo o simplemente desconectar haciendo el vago.  Pero también es importante que este descanso no se eternice.  Lo mejor es establecer un tiempo específico para hacer los deberes.  Así nos ahorraremos la batalla diaria y al niño a la larga le dará tranquilidad saber el momento concreto de la tarde en el que deberá hacer sus deberes.

Cuando el niño hace sus tareas, necesita estar concentrado  y motivado.  La televisión, los videojuegos, la música deberían estar apagados.  Incluso hay muchas familias que de lunes a viernes no permiten ver la televisión para evitar que los niños realicen un trabajo rápido y chapucero, por no perderse algún programa que les gusta.  Si por norma eliminamos el tema televisión, habrán menos discusiones y podrán estudiar, leer y también jugar más.  La otra opción es permitir ver la televisión una vez hayan acabado todos los deberes y obligaciones.

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