Escuela de padres

¡Socorro mi hijo no obedece!

En todas las familias suelen existir una normas disciplinarias mínimas que regulan la convivencia (horarios, orden, higiene, etc.) Estas normas suelen ser válidas para todos los miembros de la familia.  Sin embargo, esto que parece tan sencillo y lógico, en la práctica a menudo es motivo de conflicto entre padres e hijos.  A continuación encontraréis unas pautas para facilitaros un poco la tarea.

10 consejos prácticos para hacer cumplir las normas:

  1. Tómate tu tiempo para pactar las normas con el niño, de forma que sepa claramente lo que se espera de él.
  2. Infórmale de las consecuencias positivas y negativas que van a tener para él su conductas.
  3. Reduce el número de órdenes a las estrictamente necesarias y aprende a escuchar y observar más a tu hijo.  Es mucho más gratificante.
  4. Da órdenes claras, cortas y firmes.
  5. Asegúrate que vas a poder cumplir tus advertencias (¡ojo con los castigos desmesurados que después no se pueden cumplir!)
  6. Esfuérzate en ser justa, aunque estés a punto de estallar.
  7. Respira hondo, porque hay que mantener siempre la calma.
  8. Deja de prestar atención sólo a las malas conductas.  Te quedarás sorprendida de cuántas cosas buenas hace tu hijo cada día.
  9. Refuerza cualquier comportamiento deseable.  Valora el esfuerzo, aunque el resultado no haya sido perfecto.  Elógialo, sonríe y muestra satisfacción.
  10. Ignora el mal comportamiento y no te dejes chantajear por las rabietas de tu hijo.  Si no les prestas atención, desaparecerán por si solas.

¡ÁNIMO, lo conseguirás!

Sólo es cuestión de grandes dosis de afecto, paciencia infinita y mucha constancia.

Acabar con las rabietas

Los niños de todas las edades usan a veces las rabietas para conseguir algo que quieren o para demostrar que no están de acuerdo con lo que les pedimos.  Cuando son pequeños la rabieta consiste en tirarse al suelo, llorar, gritar o incluso pegar patadas.  Después se vuelven más sutiles y toman la forma de pucheros o cualquier otro modo de chantaje emocional.

Para que los berrinches sean efectivos necesitan un público.

En algunos casos, cuanto más público mejor, porque los niños saben que es más probable que los padres cedan para evitar la vergüenza que el numerito de su hijo les provoca.  Supermercados, centros comerciales, casas de amigos son lugares excelentes para los berrinches.

Si quieres acabar con esta forma de actuar tan molesta de tu hijo, es importante seguir las siguientes pautas:

No te prestes a hacer de público.  El diálogo o las advertencias suelen ser totalmente inútiles con los niños pequeños cuando están fuera de si.  Cuando empiece la rabieta, aléjate del niño.  Ves a otra habitación, si es necesario.  Si el berrinche es en público, préstale el mínimo de atención o sácalo del lugar tranquilamente.

No cedas ante los berrinches.  Mantente firme y no caigas en el chantaje emocional.  Al ceder. el mensaje que los niños reciben es que los berrinches funcionan, si lloran lo bastante fuerte y durante el rato suficiente, y entonces corremos el riesgo de que éstos se conviertan en una arma muy efectiva.

Ataja los berrinches antes de que empiecen.  En cuanto veas el primer indicio de una rabieta, actúa para evitarla.

Si reaccionas siempre de esta manera, tu hijo pronto se dará cuenta de que la rabieta no sirve para nada y acabará comportándose de otra manera.

¿Transporte de niños o batalla campal?

¿Qué padres no se han sentido alguna vez irritados por las peleas de los niños en el coche?  Ya no es sólo lo molesto que resulta muchas veces para los adultos, el problema es que pueden incluso poner en peligro la seguridad de toda la familia.  Los desplazamientos se convierten así en un verdadero calvario.

Como siempre, también en este caso, con los niños lo más útil es establecer unas reglas de juego.  Es cuestión de sentarse un dia con ellos tranquilamente para fijar unas normas y explicar las consecuencias que tendrá para ellos saltárselas.  Antes de salir de casa, mirándoles a los ojos, les podemos recordar:

Ya sabéis las 3 reglas, cuando vamos en coche:

  1. Prohibido molestar a los demás con muecas, imitándoles o insultando.
  2. Las manos y los pies quietos.
  3. Prohibido gritar.

Si una vez iniciado el viaje vemos que se portan bien, les mostraremos nuestra satisfacción.

Es conveniente permitir hasta cierto punto sus discusiones, siempre que no infrinjan alguna de estas reglas.  Sin embargo, si la situación se complica, no hay que suplicar ni implorar ni amenazar, sólo dar la orden adecuada y cumplir la consecuencia.

Si hacen caso, elogiarlos.

Si no hacen caso, parar el coche con tranquilidad, parar el motor y esperar.  Cuando se calmen, decir gracias y continuar.

Si se quejan unos de los otros, simplemente ignorarles.

LA RECETA QUE NUNCA FALLA:

  • Reforzar la buena conducta
  • Intentar ignorar la mala
  • Cumplir siempre las consecuencias previamente pactadas.

Si somos constantes y actuamos siempre de esta manera, la solución al problema es así de fácil.

¿De dónde ha sacado mi hijo estas horribles palabrotas?

Un buen día de la tierna boquita de nuestra dulce e ingenua criatura sale una de esas horribles palabras.  Nos quedamos perplejos e inconscientemente buscamos a un culpable.

Las causas pueden ser varias.  El niño pequeño utiliza las palabrotas a menudo sólo para mostrarnos algo nuevo que ha aprendido y para llamar la atención.  En esos casos lo mejor es ignorarlo y hacernos "el sueco".  Si ve que no tienen ningún efecto sobre nosotros, pronto se cansará.

Algo más tarde, puede que lo haga como una forma para expresar su enfado.  ¿Cómo reaccionar ante esto?

Ante todo, no hay que olvidar que los niños hacen los mismo que hacemos nosotros, no lo que decimos que hay que hacer.  Por lo tanto, ojo con el propio vocabulario.  Desde buen principio deberíamos dejar claro que hay algunas palabras que no son aceptables en circunstancias normales, pero permitir ciertas expresiones (¡sin pasarse!) en momentos de frustración.

A veces es útil repetir la palabra que ha dicho nuestro hijo.  Si, por ejemplo, el niño se ha hecho daño y dice "mierda", podemos responder "siento lo que te ha pasado, pero no digas mierda".  Esto en el fondo le quita mucha fuerza.

Lo mejor suele ser, ignorar las palabrotas en casa y poner límites en público.  Los niños a menudo las utilizan como provocación, porque saben que así consiguen acaparar la atención de sus padres aunque sea de forma negativa.  Si no entramos en su juego, tendrán menos razones para hacerlo la próxima vez, en cambio si reaccionamos excesivamente es posible que el uso de palabrotas aumente en lugar de disminuir.  Es mejor recordarles de forma calmada que preferiríamos no oír eso en casa.

El niño pronto aprenderá, si damos un buen ejemplo y actuamos con afecto, firmeza y constancia.

 

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