Escuela de padres

Promoviendo una autoestima positiva en el niño

Si tuviésemos que definir el concepto de autoestima, podríamos decir que se trata de la valoración positiva de uno mismo.  Es decir, la autoestima hace que uno se quiera a si mismo sea como sea, con defectos incluídos y al margen de los ataques o críticas que puedan venir de fuera.  Una buena autoestima nos hace sentir felices y nos hace más atractivos para los demás.  Por lo tanto, es importante fomentar la autoestima en los niños.

Si quieres ayudar a tu hijo a convertirse en una persona segura y que se sienta capaz de afrontar todo lo que le pueda traer la vida, empieza ya a actuar de la siguiente manera:

  • Dile a tu hijo que tienes mucha suerte y que eres feliz por tenerle.
  • Trata y habla a tu hijo con respeto.
  • Hazle entender que le quieres no por lo que hace sino por quién es.
  • Valora sus sueños y anímale a que los cumpla, pero no le recrimines si no lo hace.
  • Escúchale e interésate por lo que dice o siente.
  • Nunca le avergüences, si no consigue hacer algo.
  • Dale opciones para que aprenda a elegir y para que sepa que tiene derecho a opinar:  ¿prefieres gelatina o un yogur? ¿te pones los pantalones azules o verdes?
  • Hazle saber que tú crees en él y que siempre le apoyarás.
  • Valora sus logros, si hace bien un problema de matemáticas o se aprende un tema de historia, dile que ha hecho un buen trabajo.
  • Ayuda a tu hijo a descubrir sus puntos fuertes y a trabajar en ellos.
  • Dale a tu hijo responsabilidades acordes con su edad.  Asegúrate de que pueda cumplirlas.
  • Enséñale a aceptar los cumplidos con naturalidad y a dar las gracias por ellos.

Actuando así le ayudarás a tu hijo a construir una buena y sana autoestima.

¿Por qué nuestro hijo se muestra eternamente insatisfecho?

Cada vez hay más niños egoístas, insatisfechos e insaciables.  Lo tienen todo y todavía quieren más.  ¿Qué nos está pasando?

Cuando en las generaciones anteriores un niño pedía una caja de colores a sus padres, lo más normal era que le contestaran que se lo pidiera a los Reyes Magos.  Hoy en día el niño pide una bicicleta nueva y el fin de semana siguiente la tiene.  Todavía recuerdo que me costó tres años de insistencia conseguir que mis padres me apuntaran a una escuela de danza.  ¡Qué pecado tan grande, privar a los niños de hoy en día de la inmensa felicidad que se siente, cuando al fin se consigue algo tan deseado!

Es importante que acostumbremos a los niños desde pequeños a no darles todo aquello que nos piden.  Cuando uno realmente no puede dárselo, parece más fácil decir que no.  Pero la gracia está precisamente en ser capaz de decir que no, incluso cuando económicamente no nos suponga problema alguno.

Es nuestro deber, brindarles a los niños la posibilidad de aprender a valorar las cosas.  Para ello han de aprender a esperar y esto les enseñará a soñar y a desear realmente lo que quieren.  Se darán cuenta de que nos hemos de esforzar para conseguir lo que anhelamos y les ayudará a no frustrarse cuando no puedan obtenerlo todo enseguirda.

El niño no se merece convertirse en un adulto egoísta, con baja tolerancia a la frustración y sobre todo con una incapacidad para disfrutar de las pequeñas cosas.  Tener ilusión no es más que saber esperar y luchar por aquello que tanto deseamos.  ¿Os imagináis lo que puede significar para una persona haberle privado de esta capacidad?

Aprender a controlar la agresividad

Es posible que, al igual que en el mundo animal, la agresividad sea algo instintivo en el ser humano, pero sobre todo se aprende por imitación y por frustración.  El modelo más poderoso para un niño son sus padres y su influencia es mucho mayor que la de la serie televisiva más violenta.  Esto significa que, aunque una bofetada o un grito puedan funcionar en un determinado momento, corremos el riesgo de que nuestro hijo no aprenda otra manera mejor de solucionar sus problemas.  Por otro lado, los padres que no razonan sus decisiones o que humillan a su hijo, generan mucha frustración en él y esto le hará reaccionar de forma agresiva.

Según el diccionario, la agresividad se define como la intención de hacer daño a otra persona de acción o de palabra.  Por lo tanto, al margen de que sea una conducta instintiva o aprendida, lo que es evidente es que se trata de algo negativo, así que será necesario aprender a controlarla.

¿Cómo enseñarle a controlar su agresividad?  Si le castigamos, aumentará.  Si se lo permitimos, todavía aumentará más, porque tendrá más ocasiones para entrenar este tipo de conductas y, lo peor de todo será si a veces le castigamos y otras se lo permitimos, ya que de esta manera no conseguiremos nunca que tenga claro, cómo ha de actuar.

Si todo esto no funciona ¿qué podemos hacer para que nuestro hijo aprenda a controlar la agresividad?

Hay que ser constantes y congruentes.  Nuestro hijo ha de tener claro que estamos en contra de la agresividad y esto se consigue sobre todo a través del ejemplo.  No se permitirá  bajo ninguna circunstancia, aunque esto suponga tener que parar al niño a cada momento.  No castigar sino dialogar.  Hay que explicarle que existen otras formas mejores para solucionar el problema.

Si desde buen principio actuamos con firmeza y con afecto, nuestro hijo pronto aprenderá a controlar su agresividad y desarrollará recursos más saludables para solucionar sus problemas.

Conductas agresivas en niños preescolares

Hacia los cuatro o cinco años suelen acentuarse las conductas agresivas en el niño.  Será importante en este momento enseñarle a controlar la agresividad y a buscar formas más adecuadas de solucionar los problemas.

Las siguientes indicaciones ofrecen sugerencias para manejar mejor este tipo de conductas:

  • Un niño debe aprender que una conducta agresiva de cualquier tipo es inaceptable.
  • Es un error responder con agresión (de palabra o acción) a la conducta agresiva del niño, ya que se fijará más en lo que hacemos nosotros que en lo que le digamos.  De ahí la importancia de ser un modelo no agresivo para él.
  • En el momento en que el niño emita una conducta agresiva, hay que llevarlo a un rincón de la habitación y explicarle simple- y firmemente que no le está permitido golpear, morder, pegar, etc.
  • Hay que evitar utilizar expresiones en contra del niño tales como "eres malo", "insoportable", etc.  Siempre es más justo hablar de la conducta que ponerle una etiqueta global a la persona.
  • Se debe reforzar positivamente, cuando el niño se comporte de forma correcta y amable con los demás.
  • Es conveniente prestar especial atención a su conducta, cuando esté con otros niños para poder intervenir en caso necesario.

Como siempre que queramos implantar una conducta correcta, lo más importante será la constancia y la firmeza en combinación con un trato afectuoso.  El mensaje debe ser muy claro: No se permite bajo ningún concepto una conducta agresiva.  Siempre existe otra forma mejor para solucionar lo problemas.

 

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