Psicología adultos

Vencer la timidez

La timidez es algo natural en cualquier persona, cuando nos enfrentamos a una situación o entorno desconocido.  Es una actitud defensiva hacia lo que no controlamos o dominamos.  Sin embargo, las personas que se definen como tímidas piensan normalmente que los demás siempre les observan y les juzgan negativamente.  Por esto suelen desarrollar una especial sensibilidad hacia cualquier tipo de crítica o comentario sobre su apariencia o conducta.

A veces existe un componente genético, es decir, el hijo simplemente se parece a uno de sus progenitores en este rasgo determinado.  Pero, está claro, que en muchos casos la timidez ha sido aprendida.  A veces desde la más tierna infancia ya se les ha ido poniendo la etiqueta de tímidos, hasta que ellos mismos se han convencido de ello.  Otras veces esto empieza en la adolescencia, por algún aspecto por el que se sienten diferentes, como algún rasgo físico o ser más sensibles, más inteligentes o más maduros que los demás.

La cuestión es que la persona se precibe como tímida y actúa como tal.  Suele evitar el contacto ocular, habla bajito y se muestra tensa e incómoda en situaciones sociales.

¿Qué se puede hacer para acabar con la timidez?

En el fondo es más fácil de lo que parece.  Sólo hay que proponérselo, estar dispuesto a hacer un esfuerzo y practicar.

Podemos empezar practicando conductas sociales, como contacto ocular, lenguaje corporal que muestre seguridad, sonreir, hacer preguntas o mantener conversaciones triviales con personas de nuestra confianza.  Más tarde podremos atrevernos a practicar lo mismo con gente que no conozcamos tanto.

También es importante pensar sobre la forma de iniciar una conversación, de presentarse o de hacer un cumplido.  Si lo llevamos un poco preparado, será más fácil.  Las primeras veces nos ayudará, si escribimos lo que queremos decir en un papel, para después ensayarlo en voz alta delante del espejo.  Después es cuestión de lanzarse y, aunque no nos saliera perfecto, felicitarnos por habernos atrevido.  La próxima vez seguro que lo hacemos todavía mejor.

De todos modos, el consejo final es:  Sobre todo, sé tú mismo.  Ser, tal y como uno es - y atraverse a mostrárselo a los demás - es lo que más atrae a la gente y la mejor forma de hacer amistades.

Cuando se utiliza la comida como consuelo emocional

Hay personas que van enlazando una dieta con la siguiente.  A veces, gracias a alguna de esas dietas milagrosas consiguen bajar algunos kilos, pero casi siempre en poco tiempo los vuelven a recuperar.  A pesar del gran esfuerzo que esto supone para ellos,  casi nunca consiguen adelgazarse de forma definitiva.  Muchas de estas personas no comen realmente para alimentar a su cuerpo sino que utilizan la comida como recompensa o consuelo o simplemente para combatir el aburrimiento o la soledad.  De esta manera van alternando épocas de dietas restrictivas con otras de pérdida de control.  Lo peor es que esto va afectando de forma muy negativa su autoestima.

Se suele producir un círculo vicioso.  La persona no está bien e intenta aligerar su malestar comiendo.  Pero el bienestar dura poco, porque después del atracón se sentirá todavía peor que antes.

Por esta razón, la única forma de recuperar el control sobre lo que comemos consiste en descubrir la verdadera razón que nos lleva a comer.  ¿Es el estrés, la ansiedad, la tristeza, la soledad, el aburrimiento?

Si la persona se llega a hacer consciente del verdadero motivo, habrá dado el primer paso para poder comenzar a buscar la solución del problema.  Se podrán así planificar actividades alternativas que ayuden a no perder el control.  Además será muy importante aprender a comer de forma sana y llevar una dieta equilibrada, ya que las dietas que prohiben determinados alimentos fomentan el comer descontrolado.

La fibromialgia y la psicología

Aunque hablar de una personalidad fibromiálgica sería tal vez generalizar en exceso, sí es verdad que muchas de las personas que padecen fibromialgia o dolor crónico se caracterizan por ser muy perfeccionistas y responsables.  Suelen tener un gran sentido del deber y esto les lleva a ser muy exigentes consigo mismas y con los demás.  Cuando no alcanzan sus objetivos en el nivel marcado, fácilmente se sienten culpables.  Normalmente anteponen las necesidades de los demás a las suyas propias, olvidando que ellas también tienen derechos y necesidades.  Les cuesta mucho pedir favores, piensan que tienen que complacer a todo el mundo y tienden a dar vueltas y vueltas sobre lo mismo.

Esta forma de relacionarse consigo mismas y con su entorno les reporta una gran pérdida de energía física, ya que esa tensión se va acumulando en su cuerpo.  Es evidente que las emociones y ciertos pensamientos generan tensión y con ello se mantiene y aumenta el dolor.  Al mismo tiempo el dolor provoca mucha irritabilidad y ansiedad por la sensación de impotencia.

Se entra así en un círculo vicioso en el que el dolor provoca pensamientos y emociones negativas y éstas a su vez aumentan el dolor.

Sin embargo, esto no significa que la fibromialgia sea un trastorno mental, es mucho más complejo que esto.  El dolor es absolutamente real, nunca una invención de la persona que la padece y, por esto mismo, los mejores resultados se obtienen a nivel multidisciplinar, combinando el tratamiento médico, fisioterapéutico y psicológico.

El psicólogo dispone para su intervención básicamente de dos herramientas:

La relajación:  Existen diferentes técnicas, pero resulta especialmente eficaz el "Método autógeno de Schultz (autohipnosis), porque, no sólo ayuda a eliminar la tensión de su cuerpo sino que permite también un control sobre los propios pensamientos y emociones.

La terapia cognitivo_conductual:  Se trata de una terapia de apoyo y de aprendizaje de nuevos recursos para primero aceptar las limitaciones de cada momento y después afrontar de forma más eficaz el día a día.

De esta forma la calidad de vida de las personas con fibromialgia suele mejorar de forma considerable.

¿Tristeza o depresión?

Todos podemos sentirnos tristes alguna vez.  Cuando algo nos sale al revés de los que habíamos planeado o cuando sufrimos una pérdida de cualquier tipo, es normal que nos sintamos tristes.  Sin embargo, si uno se siente mal, sin energía, apático, sin interés por las cosas que le rodean y con las que antes disfrutaba y profundamente triste sin un motivo aparente, lo más probable es que haya caído en una depresión.

¿Qué hacer para superar una depresión?

No todas las depresiones son iguales, existen distintos grados y esto marcará el tratamiento a elegir.  En la sociedad actual nos hemos acostumbrado a buscar soluciones rápidas y que no requieran demasiado esfuerzo por nuestra parte.  Para ello los antidepresivos pueden ser una buena opción, sobre todo en el caso de una depresión mayor.  Sin embargo el tratamiento únicamente farmacológico tiene un inconveniente y es que nos encontramos después con un alto porcentaje de recaídas.  Para evitar que esto ocurra, es muy importante combinar la medicación con una psicoterapia.

¿Qué tipo de psicoterapia deberíamos elegir?

Numerosos estudios clínicos han demostrado que la terapia es incluso más eficaz que el tratamiento con antidepresivos y también superior a otras formas de psicoterapia como la terapia de conducta o la terapia psicoanalítica.  La ventaja es que se obtiene una reducción considerable de los síntomas en un plazo relativamente corto de tiempo.  Pero lo más beneficoso de todo es que el paciente puede aprender algo de su propia experiencia terapéutica que le ayudará a prevenir futuras recaídas,

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