• Dagmar Hofert, Psicóloga

COMIENZA EL CURSO



Empieza un nuevo curso y con él los mismos buenos propósitos de siempre. Más de un estudiante y más de unos padres tienen la firme intención de no repetir un verano como el que acaban de pasar, dedicado fundamentalmente a la recuperación de las asignaturas suspendidas.

Y muchos padres se preguntan:

¿A qué se debe que algunos niños afronten con éxito, de forma natural y sin problemas los estudios, mientras que otros fracasan año tras año? ¿Será una cuestión de inteligencia?

Curiosamente, aunque las capacidades intelectuales son importantes o una dislexia pueda complicarle considerablemente la vida a uno, en la mayoría de los casos que he atendido durante mi larga vida profesional, este factor apenas influía. Incluso diré más: algunos fracasos en la ESO los protagonizaban precisamente niños bien dotados intelectualmente.

Lo que está claro es que no se nace siendo un buen estudiante. Resulta que estudiar es una tarea que se puede aprender. Al final lo que nos llevará a triunfar a


cadémicamente será un buen hábito de estudio. Es precisamente este factor el que más marca la diferencia entre el buen y el mal estudiante. Un niño con una inteligencia normal y un buen hábito de estudio puede llegar muy lejos. Un niño muy inteligente sin hábito de estudio es posible que a la larga fracase.

Un hábito se adquiere a través de la práctica y de la repetición constante de una serie de actitudes correctas hasta conseguir que éstas se automaticen y ya no nos cuesten apenas esfuerzo. Por ello es tan importante empezar desde muy pequeños con lo que yo llamaría los "pre-hábitos de estudio". Os preguntaréis ¿y esto qué es? ¿cuándo hay que empezar? En realidad los primeros pre-hábitos se instauran a partir del nacimiento, creando un cierto orden respecto a las comidas, al baño y las horas de sueño del bebé. Poco a poco, a través de una serie de normas se irá creando una rutina que finalmente se convertirá en un hábito. Cuánto más clara, repetitiva y constante sea esta rutina, más efectiva será.

Durante los años de Parvulario y los primeros cursos de Primaria el niño tendrá pocos deberes, pero hay muchas formas de empezar a introducirlo en un hábito de trabajo. Es tan fácil como reservar un corto espacio cuando lleguemos a casa, en que se haga con él alguna actividad lúdica como jugar con plastilina, hacer un dibujo, montar el lego, recortar o explicar un cuento. Estos momentos servirán para que vaya cogiendo la costumbre y para qur aprenda a centrar su atención en una tarea determinada. Y esto tan sencillo creará unas bases muy potentes donde anclar el futuro hábito de estudio tan importante para el éxito académico.

Hasta ahí, por hoy. Otro día os cuento, cómo conseguir un buen hábito de estudio en chicos y chicas que empiezan a tener problemas a partir de la ESO. Pero esto es otro tema y, me temo, algo más complicado.

© 2020 Dagmar Hofert

Dagmar Hofert

Psicóloga sanitaria col. nº 11699

(+34) 651 88 11 66

dhofert@centremedicalella.com

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