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EL ANSIOSO NO NACE, SE HACE

Últimamente me llama la atención que cada vez hay más niños de corta edad que presentan niveles de ansiedad muy altos. Ésta se manifiesta en los niños a menudo a través de miedos y fobias específicas, problemas de atención y problemas de conducta. A algunos de estos niños incluso se les diagnostica de forma errónea un TDAH (Trastorno de déficit de atención con hiperactividad), cuando su falta de concentración se debe simplemente a una ansiedad muy elevada.

Parece que los tiempos actuales no ayudan. Desgraciadamente muchos padres viven estresados por las condiciones precarias de trabajo, por los horarios a menudo incompatibles con la crianza de los hijos o simplemente por sentimientos de frustración que se manifiestan a través de la impaciencia.

Pero esto no son los únicos factores que influyen. Hay otras muchas cosas y éstas, si se saben, sí que se pueden controlar.

La primera es que es muy importante que los padres tengan claro, cuáles son las normas que consideran que deberían cumplir todos los miembros de la familia. Si no hay acuerdo entre ellos, el niño ante el hecho de no poder complacer a ambos, se irá cargando de ansiedad. Ocurre algo similar, cuando no actuamos siempre de la misma forma y nos dejamos llevar por nuestros propios cambios de humor al aplicar la disciplina. Esto significa que las broncas y los castigos no serán una consecuencia de la conducta del niño sino que dependerá del estado de ánimo de sus padres. Y esto le complica mucho la vida al niño.

Cuando existe un exceso de permisividad, al niño le faltan los límites necesarios para crecer con seguridad. Por el otro lado, cuando hay un exceso de control y, por lo tanto, una sobreprotección, el niño se sentirá seguro siempre que tenga cerca a sus padres, pero se cargará de estrés en los ambientes en los que tenga que actuar de forma independiente, como puede ser, por ejemplo, en la escuela.

Hay dos mecanismos que los padres suelen utilizar y que acaban produciendo grandes dosis de angustia en el niño. Uno es jugar con la culpa. Expresiones como “por tu culpa ….” hay que borrarlas. Una acción realizada en el pasado es imposible cambiarla. Utilizar la culpa no educa, sólo crea mucha ansiedad y malestar. Si el niño se ha equivocado y ha hecho algo mal, es mucho mejor darle la posibilidad de aprender a hacerlo mejor la próxima vez. El otro mecanismo generador de ansiedad es jugar con la preocupación. Esto serían expresiones del tipo “Tú mismo, ya verás los que pasa mañana en el examen ….” . Es difícil concentrarse en un objetivo, en este caso estudiar, si estoy pensando con angustia en el futuro. Hay que aprender a calmar y a esperar.

Si realmente queremos ayudar a nuestro hijo a crecer sin ansiedad innecesaria, utilicemos lo que nunca falla: ORDEN, FIRMEZA Y AFECTO.

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