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¿Otro niño TDAH?


Sorprende que hoy en día prácticamente en cada clase hayan uno o más niños con un diagnóstico de Déficit de Atención con Hiperactividad, cuando hace tan sólo unas décadas, nadie había oído hablar de esto en nuestro país. Es verdad que algunas familias sufrieron muchísimo por el desconocimiento de este trastorno, ya que la explicación a su problema era básicamente psicoanalítica y se tachaba al niño de maleducado, culpando indirectamente a los padres de su conducta.


Pero nadie negará que hoy en día este trastorno está sobrediagnosticado. El TDAH está de moda. Como con todo, en este país hay una tendencia muy grande de pasarse de un extremo al otro. No olvidemos que el diagnóstico de TDAH es clínico y que, por esta razón, se basa en un estudio minucioso del historial y desarrollo del niño así como en su observación y examen físico. No es suficiente pasar una batería de tests psicológicos y tampoco existe ninguna prueba de laboratorio o de neuroimagen que pueda aportar un resultado definitivo.


Hoy en día, a menudo se buscan soluciones rápidas para obtener un resultado con el mínimo esfuerzo. Al que está triste se le trata con antidepresivos, al que está agobiado, estresado o preocupado con ansiolíticos y en la misma línea al niño movido y al que le cuesta concentrarse con metilfenidato. Se están recetando con demasiada alegría terapias basadas en anfetaminas que, aunque sean de acción corta y rápida, llevan consigo suficientes efectos secundarios adversos como para prescribirlas

solamente en los casos estrictamente necesarios. Entre los efectos perjudiciales aparecen pérdida de peso y apetito, insomnio, dolores de cabeza, cambios de personalidad y comportamientos agresivos como rebote, cuando se acaba su efecto. Esto no significa que en algunos casos muy concretos la medicación puede ser la única solución, mejorando sustancialmente la calidad de vida del niño y de su entorno.


El gran fallo es que, en muchos casos, al niño se le trata únicamente con psicofármacos. Deberíamos cambiar la prioridad. El niño "hiperactivo" igual que el "falso hiperactivo" lo que necesita es recibir instrucciones para afrontar los problemas de aprendizaje, para mejorar sus habilidades sociales y para controlar su impulsividad y que paralelamente sus padres aprendan cómo apoyarle.


Seamos algo más conservadores, apliquemos el sentido común y no sobrevaloremos la química. Volvamos a otorgarle el lugar que le corresponde. El tratamiento farmacológico en el TDAH es sólo una de las partes del tratamiento multimodal recomendado. Las otras son: Entrenamiento de padres, intervención escolar y psicoterapia con el niño utilizando procedimientos de autocontrol y autoinstrucciones. Y, si esto se hace bien, más de un niño podrá prescindir de la medicación.

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